(Source: kurtdavekrist)
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El sudor de mis mano mojo un poco del papel antes de que comenzara a caer con esa lentitud ondulatoria y calmada con que caen los papeles.
Lo primero que pensé fue volver corriendo y encontrar a la chica que estaba sentada en la mesa e interrogarla, pero levantaría las sospechas de las familias, pues definitivamente estaban involucradas en esto. Debía encontrar alguna fuente de información para seguir la investigación.
Otra cuestión importante era la palabra que estaba escrita en el papel. “Aplazar”, cualquiera puede pensar y adivinar que todo plazo se cumple, pero lo que yo no sabía era cuánto tiempo me quedaba a mi o a ese plazo.
Una vez más me entró el pánico de estar llegando al fin de la investigación y saber que cualquier desenlace sería algo serio, pero tenía que seguir adelante, después de todo, no tenía mucho por lo que vivir, por otro lado, tenía una promesa que cumplir. ¿Para qué querer conservar la vida si ya nada seguía igual a como me gustaba que fuera? Esa fue la pregunta que me animó a salir corriendo, a esquivar dinamicamente cada obstáculo que se interpusiera y, por ultimo, a entrar en el café como si nada pasara.
Una parte de mí lo sabía y la otra no lo quería creer. Cuando llegué al café, dos hombres estaban inspeccionando la mesa que ocupó la chica hacía unos instantes. No los tomé atención tratando de no levantar aires extraños y entré decidido pero sin saber que hacer. Cuando pasé en frente de ellos saqué un pañuelo de mi bolsillo y sin percatarme, el papel que contenía el mapa cayó al suelo. Uno de los hombres lo vio y se acercó a ver que era, yo lo advertí cuando ya era muy tarde y el papel ya estaba entre ses manos. El hombre vio de que se trataba y me quedó mirando mientras hacía una seña para que su compañero viniera. En esos momentos no pude pensar ni actuar, sólo me limité a observar lo que estaba pasando enfrente de mis ojos. Recobré el control de mi cuerpo cuando estaban ambos hombres mirándome fijamente y uno de ellos apuntándome con una pistola a la altura del pecho e indicándome que iniciara mi marcha frente a ellos.
En cada paso que daba, mis ojos escrutaban cada lugar buscando alguna opción para zafarme del pobre destino que me podría esperar. Al divisar una taza de café recién servida, me propuse pasar al lado de esa mesa y detenerme. Cuando estuve a un lado de la mesa, me volteé pidiéndole a mis escoltas un momento para atar mis cordones y estos accedieron sin mayores miramientos. Como nos habíamos detenido, y mis captores no querían llamar demasiado la atención, el de la derecha, y portador del arma, bajó un poco la pistola para disimularla de mejor forma. Era mi oportunidad. A la mitad del camino de llegar a quedar en cuclillas, tomé la taza humeante y la arrojé a la mano que se extendía en un arma. El efecto que logré fue como creí, eso me dio tiempo para correr y tratar de mezclarme entre la multitud. El miedo se desvanecía con cada zancada que daba, por lo que decidí dar el primer golpe y esperar a los hombres para emboscarlos y poder sonsacarles algo de información.
Salí de la esquina en que me había escondido y levanté los brazos para llamar la atención de mis perseguidores. A los pocos segundos los vi comenzar a correr en mi dirección. Esta vez no me aterré, y comencé a correr hacía mi derecha, adentrándome en un callejón alejado del movimiento de las avenidas y de su luz amarillenta. Dejé caer mi chaqueta para indicar, de cierto modo, que estaba allí. Funcionó.
No sentía mi respiración hace mucho tiempo y mi expresión era neutra, como cuando te vi muerta y me di cuenta de que no volverías nunca más. Recordar esa escena me ayudó a juntar la rabia que desde ese día llevaba acumulada.
La oscuridad del lugar no fue inconveniente para encontrar un buen trozo de madera y algún lugar más negro que los demás en donde ocultarme. Mis perseguidores no tardaron en llegar, pero esta vez los papeles estaban invertidos. Sentía cada paso que daban y cada respiro que tomaban. Ninguna palabra salía de sus bocas. El silencio estaba ahora en mis venas y ni mi corazón hacía algún tipo de sonido. Cerré los ojos. Ahora podía distinguir las distancias y saber que estaban a tres pasos de mi. Dieron un paso, luego el segundo, y cuando estaban por pisar y concretar el tercer paso, dejé caer sobre el cráneo de uno de ellos un golpe mortal que lo derribó enseguida. El segundo hombre estaba confundido y a mi merced, por lo que bastó golpearle las piernas y, una vez que estuviera en el suelo, abalanzarme sobre él y presionar su traquea mientras mis piernas inmovilizaran sus brazos.
Lo había conseguido. Mi primera acción importante dio resultado y funcionó a la perfección. Ahora era el momento de jugar al policía malo:
-¿Para quién trabajas? -Pregunté lentamente mientras subía la presión en su cuello.
-Para Ricardo Miramar maldito imbécil. -Le costó trabajo hablar debido al trozo de madera en su cuello.
-No pensarás que soy un imbécil después de que te deje sin cuello, así que escúchame bien. ¿Qué significa eso de “aplazar”? -Mis manos estaban lo más firmes y decididas que podían estar.
-¿Acaso no lo sabes? Toda esta jodida ciudad cambiará cuando se cumpla el plazo, y créeme que no lo verás, porque tarde o temprano te encontraremos y te mataremos como a un cerdo. Crees que no sabemos lo que buscas, pero lo sabemos todo sobre ti. Te dimos la oportunidad de abandonar tu jueguito, ahora que desperdiciaste tu oportunidad, eres hombre muerto. -Sus palabras sonaban seguras a pesar de la dificultad que tenía para articularlas, lo que me inquietó bastante.
-Ya veremos quién muere y quién no. Ahora puedes ir contando quién estuvo involucrado en el asesinato de una chica el14 de Agosto de hace dos años. Lo presionaba lo suficiente para que pudiera hablar.
Antes de que pudiera hablar, una bala le atravesó la cabeza de lado a lado. Me volteé hacía la salida del callejón para ver quien había ejecutado el disparo, pero la luz que estaban recibiendo mis ojos no me permitió ver bien, y en un acto reflejo, corrí para alcanzar su huida.
En la esquina del callejón no pude ver nada ni a nadie, la calle estaba vacía.
Pensó que no podría soportar que alguien cambiara las reglas del juego otra vez. La seguridad de saber a qué se enfrentaba le había dado, hasta ese día, todas las armas para encarar cualquier situación y dominarla en el corto plazo. El que entrara un nuevo jugador le desesperó. Ya no tenía el dominio de su vida, ni siquiera de su propia vida. Los rayos estaban en su cabeza y hacían estragos con sus acciones.
Con el pasar de los meses aquel jugador terminó sus turnos y todo había vuelto a la normalidad, pero el terror de que alguien cambie las reglas del juego, permanecería siempre en su pensar.
“Le Corbusier Atelier – Immeuble Molitor” in 24 rue Nungesser et Coli, Paris, France, 1931 – 1934
(Source: p-sychotherapy)
Ultimamente es como si amaneciera y atardeciera al mismo tiempo.
(Source: wearitaswormstache)
Siempre asoma aquella pregunta que no tiene respuesta, esa pregunta que nadie se hace menos tú, y que sin embargo, todos creemos conocer. Esas preguntas nos hacen vivir en una realidad llena de miedo, pero no el miedo a otras personas, si no que el miedo a ti mismo, al juicio que tú mismo te puedes hacer en momentos de silencio, pues la condena nos seguirá siempre como si de un ejecutor se tratara.
“Se me olvidó, que no he dejado nunca de quererte, se me olvidó todo al verte”.
No te detengas en el camino a decir que todos los demás tienen la culpa, sólo hazte a un lado y piensa en lo que has hecho tú para no compartir la culpa de quienes condenas.
No sabría explicar todo lo que pensé mientras miraba el cielo nocturno del basural en que me arrojaron aquellos buenos hombres, pero algo estaba claro; no podía continuar la pequeña investigación por mi cuenta.
¿Acaso nunca sabría qué tipo de muerte fue la tuya y quién estuvo involucrado en ella? La idea de vagar siempre en un mar de dudas sin respuesta me nublaba completamente el pensamiento. Durante las semanas siguientes no pude pensar en otra cosa que no fuera tu nota o las familias. Todas las sombras y penumbras que rodeaban tu muerte no me dejaban verte con claridad ni sentir cosa alguna bajo mis pies inmóviles.
Había llegado a un punto muerto tan crítico que llegaba a temer por mi propia vida. Ese miedo me impidió salir del piso en que vivía por varias semanas. Un día, recordando mis sentimientos hacía ti cuando aún vivías, decidí salir de noche a buscar algo de tranquilidad en la felicidad transitoria de todos los seres que salen a divertirse como para desahogarse en una especie de ritual. Mi búsqueda me llevó al mismo café donde decidí cumplir mi promesa numero sesenta y seis. Todo estaba igual, como si la misma gente viviera con la misma ropa y se sentara en los mismos puestos y lugares, pero había algo diferente y era una chica sentada en una esquina dándole la cara a la pared, aparte de eso, nada había cambiado.
Después de tomar unos sorbos de agua, me volví para comprobar si aquella chica seguía en el mismo lugar, pero no la encontré. Algo me relajó y me hizo ir a la mesa que ocupó. Allí estaba su taza de café (llena por cierto y con la cuchara limpia) y algunas monedas, pero un papel doblado cuatro veces me hizo paralizar la mirada y el cuerpo. Lo tomé y salí enseguida del lugar, guiado o impulsado por la vergüenza de llevarme algo ajeno que podría ser reclamado con posterioridad.
En una esquina, a la espera que brinda la luz roja, abrí el papel; era un mapa de la ciudad. Lo curioso es que los territorios que abarcan las familias estaban delimitados. El terror de que alguien me viera me hizo arrugar el papel y querer botarlo, pero en las arrugas se veían unas letras de color negro, por lo que metí el papel en mi bolsillo y me apresuré a llegar a mi departamento para poder respirar tranquilo y seguro.
Ya en mi habitación vi el mensaje; era una simple fecha, sin embargo todo mi cuerpo se estremeció y sentí un sudor frío en todo lo que podía percibir en ese momento. El famoso mensaje mencionaba el 14 de Agosto de hace 2 años, la fecha de tu muerte, y, seguida de un guión, la palabra “aplazar” brillaba con toda su simpleza, como un lago inmenso iluminado por la luna anónima de una noche nublada.
Asi es y asi será.
